22 de enero
"¡Vayan! Los envío como corderos en medio de lobos. No lleven bolsa ni alforja ni calzado. Y a nadie saluden en el camino" ( ).
En muchas ocasiones, los pedidos del Señor Jesús no tienen lógica, como parece ser en los versículos de hoy. Sin embargo, no es así: hay mucha enseñanza en las órdenes de Jesús.
El Señor organizó a sus discípulos de dos en dos, y les dio indicaciones tales como “en la casa donde entren, primero digan: ‘Paz a esta casa’. [...] En la ciudad donde entren, y los reciban, coman lo que les presenten. [...] Pero en la ciudad donde entren y no los reciban, salgan por sus calles y digan: ‘Aun el polvo que se nos ha pegado de su ciudad a nuestros pies, sacudimos contra ustedes’ ” ( al 11). Hay un común denominador en las indicaciones de Jesús: “El reino de Dios se ha acercado a ustedes”. El Señor se encontraba como él mismo dijo: en medio de lobos. Había un reino establecido terrenalmente –Roma–, y había un rey terrenal: el César.
El mensaje del Señor era revolucionario porque se trataba del establecimiento de otro Reino, del Reino de los Cielos, del reinado de otro Rey, Jesucristo. ¿Cómo podían ir los discípulos anunciando semejante noticia? Serían presa fácil del ejercito romano. Los caminos habían sido hechos por Roma para el tránsito de su ejército a fin de cuidar y sostener al imperio; por tanto, era necesaria una estrategia para la misión. Piensa por un momento que una pareja de discípulos pasa por el camino. “¿A dónde van?”, les preguntan. “A establecer el Reino”, contestan. ¿Cuál reino? ¿Hay un nuevo reino? ¿Quién es su rey?
Las indicaciones dadas por el Señor respondían al contexto de su tiempo. Era la estrategia a seguir. Los gobernantes no pudieron entender qué significaba el Reino de los Cielos. Cuando Jesús estuvo frente a Pilato, este le preguntó: “¿Eres tú rey?”.
El Reino de Dios no tiene territorio porque su misión es para todo el mundo, y el lugar del establecimiento es el corazón de las personas. ¿Cómo podrían entender esto los gobernadores romanos? ¿Cómo puedes entenderlo ahora? Eres ciudadano de un país terrenal, pero si has aceptado a Dios como Salvador, eres ciudadano del Reino de los Cielos y embajador de Dios en la Tierra. Tu deber es establecer su Reino en cada corazón que no lo conoce. ¿Quieres ser un embajador del Reino de los Cielos? Todavía más, ¿quieres ser un ciudadano del Reino de Dios? Recuerda: todo es por su gracia.