8 de junio
"Haya en ustedes el mismo sentir que hubo en Cristo Jesús. Quien, aunque era de condición divina, no quiso aferrarse a su igualdad con Dios" ( ).
El pasaje bíblico de hoy es considerado como una de las declaraciones más importantes de la humanidad, de la humildad y de la misión de Jesús. Puedes abordarlo desde diferentes perspectivas, y encontrarás una riqueza inigualable. En esta ocasión, quiero abordar el pasaje desde la perspectiva de la sumisión dentro del seno de la familia. En este verso, Dios te da una tremenda lección de sumisión, una de las cualidades más discutidas y controvertidas en las parejas.
En este tiempo, se habla de un reconocimiento total de la igualdad entre el hombre y la mujer. Esto hace muy complicado hablar de que la mujer debe ser sumisa a su marido. De hecho, esto ha provocado un sinnúmero de pleitos y divorcios, pues se entiende que en el matrimonio se debe tratar con igualdad, concluyendo que la igualdad es no dejarse pisotear por nadie, sino exigir los derechos de trato igualitario. Pero la Biblia dice que Jesús, aun siendo Dios, eligió despojarse de su divinidad y, “al tomar la condición de hombre, se humilló a sí mismo y se hizo obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” ( ).
Jesús, quien es Dios, no reclamó su lugar como Dios, sino que, por amor al ser humano, se humilló y se hizo siervo con el propósito de salvarlo. No le importa que le digan que es menos que Dios, ni le importó morir. Lo que le importaba era salvarte a cualquier precio. No le interesó que otros dijeran que no reclamaba sus derechos; su decisión de hacerse sumiso hasta la muerte tenía un propósito específico.
Ahora piensa: la mujer es igual al hombre, de una misma posición, inteligente, capaz, digna y competente. Sin embargo, por amor al funcionamiento de su hogar decide ser sumisa, humilde y obediente hasta morir. ¿Es posible? Normalmente, todos pelean por su posición, gritan, arrebatan y hasta se divorcian. ¿Logran ser felices? ¿Tienen un hogar funcional? ¿Acaso no se convierte en una batalla campal donde cada uno exige sus derechos? Lamentablemente, en un hogar donde uno busca ser más que el otro y se lucha por eso, las parejas terminan divorciándose porque es imposible vivir con dos generales.
Dios quiere que vivas sumiso y feliz, no orgulloso y destrozado. No hay que olvidar que la gracia de Dios siempre te ayuda.