8 de septiembre
"Y lo sacó fuera y le dijo: 'Mira el cielo, y cuenta las estrellas, si las puedes contar'. Y agregó: 'Así será tu descendencia'. Y Abram creyó al Señor, y eso se le contó por justicia" ( ).
Seguramente, conoces a alguna persona que no ha podido tener hijos. Muchas de ellas han probado de todo para lograr la concepción, pero no tuvieron éxito. Otros lo han dejado en las manos de Dios, intentando suplir esa carencia con otras actividades y ministerios. Algunas parejas, al no poder tener hijos, lamentablemente concluyen que ya no es necesario seguir juntos como matrimonio. Entran en una escena de dolor y separación porque creen que la pareja solo fue hecha para procrear. Sin embargo, la Biblia dice que la pareja fue creada para que el hombre y la mujer no estén solos, y para que sean una sola carne.
Abram estaba entre esas parejas. Su esposa Sarai incluso le había dado a su sierva, Agar, para que concibiera en lugar de ella. ¿Te puedes imaginar cuán doloroso fue para Sarai entregarle ella misma una mujer a su esposo para que tuviera relaciones sexuales? ¡Qué difícil! Para ellos, no era posible que tuvieran hijos, ya que Sarai tenía noventa años, y Abram casi cien. Biológicamente, resultaba imposible y solo un milagro podría lograr la concepción. Sarai sonrió para sí ante la promesa dada, como diciendo: “Gracias por los buenos deseos, pero yo sé que no pasará”. ¿Puede haber algo imposible para Dios? Abram creyó, y le fue contado por justicia.
Abram había pensado que su heredero sería Eliezer, su fiel siervo de Damasco. Sin embargo, Dios tenía otros planes. Creer no era sencillo e iba contra toda lógica. Se puede creer en que el sol saldrá mañana porque pasa todos los días, pero tener un hijo cuando tu esposa ya no ovula y cuando su matriz ya no está preparada para eso es algo muy complicado. Por eso, creer en lo imposible es confiar en Dios. Esto es lo que Abram hizo.
Mi querido amigo, ¿puedes creer que Dios te ama? ¿Puedes creer que te quiere salvar? ¿Puedes creer que Jesús volverá nuevamente? No lo dudes y mira las estrellas del cielo, porque algún día volarás hacia allá para estar con el Señor para siempre. Que se diga de ti: “Y _____________ (tu nombre) creyó al Señor, y eso se le contó por justicia”. Todo es por su gracia.