19 de mayo
"Aun si nosotros mismos, o un ángel del cielo, les anunciara un evangelio diferente del que les hemos anunciado, sea condenado" ( ).
Tus costumbres, tu forma de vida, las enseñanzas de tu niñez, tus creencias y tus vivencias van formando lo que eres. Tus acciones son moldeadas por tus experiencias pasadas. Obrar diferente requiere romper los modelos mentales. Por supuesto, modificarlos puede llevar años o toda una vida.
Los judíos habían aprendido un modo de salvación; era como un modus operandi para sentirse salvos. Para ellos, ser hijos de la descendencia de Abraham les daba, por así decirlo, el 50 % de la salvación, y cumplir con los requerimientos de las tradiciones judías representaba el otro 50 %. Por eso, todos se esforzaban por cumplir las tradiciones: no solo eran costumbres, sino requisitos de salvación y perdón.
Ahora, Pablo, junto con los apóstoles de la iglesia primitiva, venía con una enseñanza diferente: salvación por medio de la gracia. Jesús había pagado toda la deuda. Ahora, además de creer en su sacrificio y aceptarlo, no hay ningún requisito para ser perdonado. No importa que no seas descendiente de Abraham y que no cumplas con las tradiciones y costumbres, porque eres salvo solo por la gracia de Jesús.
Este era un mensaje extraordinario. La Biblia registra que miles aceptaron la nueva fe, tanto judíos como no judíos. Sin embargo, algunos maestros no conversos plantaban dudas entre los nuevos creyentes, y les hacían creer que no podrían salvarse a menos que cumplieran las reglas judías. Al mismo tiempo, dentro del mismo seno de la naciente iglesia, otros conversos dudosos regresaban a sus antiguas costumbres: creían en Jesús, pero se daban una “ventaja extra” al cumplir con los requerimientos judíos para sentir que contribuían a su salvación. De este modo, la iglesia empezó a tener un número notable de interpretaciones en cuanto al tema de la salvación.
Por tanto, Pablo se dio la tarea de hablar con claridad y énfasis: “si alguno les anunciara un evangelio diferente del que han recibido, sea condenado” ( ). No hay que dejarse engañar y no hay otra manera de salvarse. El camino es –y siempre será– la gracia de Jesús.
Algunos que se consideran muy pecadores creen que es demasiado fácil para ser verdad y, como sucedía en el pasado, quieren “ayudar” a su salvación. Por supuesto, hay que luchar por ser mejor, pero que esto solo sea por amor a Jesús. La obediencia no logra nada por sí sola, ya que solo hay salvación por medio de la gracia infinita de Dios. Así que disfruta este evangelio, porque no hay otro. Eres salvo por su gracia.